La teta del poder
- La Trenza
- 5 ago 2020
- 3 min de lectura
Por Anabel Trepat
Muna tiene 4 años. Tomó teta a libre demanda hasta los 2 exceptuando las horas en las que trabajaba. Teta para comer, dormir, despertarse, relajarse. Teta cuando tenía miedo, sueño, alegría, y hasta para hacer la digestión. Teta por amor, de la que nutre física y emocionalmente, cuando buscaba nidito, contacto y protección.

Como buena primeriza cuando nació sentí una mezcla de emoción, éxtasis profundo y mucho miedo. Fue como un shock de realidad apenas la vi. Esa bebé deseada, tan soñada y esperada, que había sentido navegar por mis entrañas ahora me miraba a los ojos y me necesitaba para sobrevivir. ¿Sería capaz de cuidarla? ¿Tenía las herramientas suficientes como para proteger la vida de alguien más? ¿Podría yo, tan novata en el mundo de la maternidad, asumir semejante responsabilidad asertivamente?
Lo primero fue ponerla en mis pechos. Ella misma los buscaba como desesperada. Nos costó un par de intentos, estaba nerviosa, hasta que se prendió de esa teta, su primera teta, como quien encuentra agua en medio del desierto. ¡Uf, que alivio fue para ambas!
La teta: nuestro primer contacto mamífero afectivo de amor y calma entre pieles y fluidos.
Ella, sintiéndose amada, nutrida, cobijada, saciaba su impulso vital poniendo en marcha el primero de los instintos de supervivencia: la succión. Yo, atravesando todos mis miedos al no poder, entregándome al descubrimiento de lo perfecto de la especie humana, entendía que en mi naturaleza de mujer estaba todo el conocimiento, los recursos y una sabiduría que me salía no sé de donde para poder cuidar y sustentar a mi cría. No tenía ni la menor idea de cómo hacerlo, pero sabía que iba a poder, estaba pudiendo.

La misma sabiduría apliqué después para la crianza: la escucha activa a mis instintos, sensaciones, emociones e intuiciones, que razonables o no siempre me llevaron a tomar las decisiones correctas. El resto del mundo no siempre estuvo de acuerdo con mis elecciones como mujer y mujer madre. Yo misma he pifiado un sinfín de veces en la vida por no escucharme.
Sin embargo, cada vez que dudo, sobre todo de mí misma, recuerdo ese momento y la enorme lección que me trajo: el poder está en mí.

Cuidar a la que cuida
Empoderarse requiere de un gran trabajo personal evolutivo, pero amamantar no se trata solo de eso. A veces se quiere pero no se puede. Para dar de mamar necesitamos ciertas condiciones que acompañen y garanticen el proceso. Cuidar a la que cuida, por ejemplo. Tras un nacimiento la atención de las personas que nos rodean suele centrarse en le recién nacide y olvidamos que quien brega por la subsistencia de ese ser es la cuerpa y el alma de la mujer que cría, que también necesita y merece amor y cuidados. Somos, nada más y nada menos, que la garantía empírica de la perpetuidad de la especie.
Como pareciera que ese “atributo” o “don” nos es innato, inherente y hasta casi obligatorio por las condiciones del género, muchas veces se nos pasa por alto la importancia de que la maternidad sea deseada; lo intenso y profundamente transformador que es ser madre; y que aún deseando y pudiendo, también necesitamos de un contexto familiar, social, económico, laboral, y de políticas públicas que acompañe.
Un llamado a la consciencia

Cuando escucho críticas o veo conductas ofensivas hacia una mujer que amamanta, con teta o biberón, me pregunto cómo puede ser posible que en el 2020 la lactancia todavía sea un tema de discusión. Tenemos un gran camino por delante en cuanto a la conquista de derechos como las horas de lactancia en horario laboral y la prórroga de días de licencia por mapaternidad.
Todavía se nos mira feo cuando sacamos la teta en público. Como si alimentar (física y emocionalmente) a les cachorres fuese el más burdo de los pecados. Nos asustan las tetas nutriendo pero no nos asustan las tetas de tapa de revista que están en toda la vía pública, ni que hablar de la industria del porno. La cuerpa de la mujer al servicio de la vida versus la cuerpa de la mujer al servicio del placer del hombre. ¿Qué creen que está más naturalizado?
No se trata de comprender grandes alegatos filosóficos o políticos para dar los pasos hacia delante que aún tenemos pendientes. Sino más bien de empatía, humanidad, consciencia social, empezando por el respeto. Ser capaces de corrernos de nuestros lugares de privilegio y ponernos en el lugar de le otre.
¿Seremos capaces entonces de preguntarnos qué necesita una mujer durante la lactancia? ¿Tendremos la grandeza suficiente como para accionar consecuentemente a esa respuesta?
Por más tetas libres y una sociedad que acompañe a uno de los actos más sagrados de la humanidad. ¡Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna!




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