LEnguajE inclusivE
- Romina Quiroga

- 26 ago 2020
- 8 min de lectura
Actualizado: 25 nov 2020
El debate por un lenguaje no sexista y no binarie, se instala con fuerza escalando a niveles encarnizados de violencia e intolerancia. ¿Por qué lo seguimos defendiendo y utilizando pese al rechazo de la RAE y sus detractores?

Hace unos días las redes sociales se alborotaron cuando un funcionario dependiente de la Dirección de Adolescencias y Juventudes, Lucas Grimson, de 19 años, usó la expresión "les pibis" para referirse a sus pares. Lejos de ser un error, el funcionario, en un acto a conciencia, utilizó el vocablo de forma estudiada y consensuada.
La frase "Les PIBIS", fue objeto de burlas y además provocó cruces entre personalidades del espectáculo con posiciones a favor y en contra. ¿Por qué molesta tanto el uso del lenguaje inclusivo en un país abatido por deserción educativa, la pobreza, las adicciones, el desempleo e inseguridad y ni hablar de los índices de feminicidios, travesticidios, embarazo adolescente y violencia institucional, entre otras cosas?

Cierto es, mejor dicho, es innegable que el lenguaje inclusivo forma parte de un posicionamiento político, que viene a marcar un hito histórico en medio de la lucha contra un sistema patriarcal, de subordinación e invisibilización de la diferencia.
¿Qué es el lenguaje?
Esto les va a encantar: según la Real Academia Española, el lenguaje es: 1. m. Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos. 2. m. lengua (‖ sistema de comunicación verbal). 3. m. Manera de expresarse. 4. m. Estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular. 5. m. Conjunto de señales que dan a entender algo. . 6. m. Código de signos. 7. m. Inform. Conjunto de signos y reglas que permite la comunicación con una computadora.
La lengua es un ente vivo y refleja cambios en los usos y valores de una sociedad. Es por medio del lenguaje entonces, que se construyen sentidos, interpretaciones del mundo, valores y subjetividades. Es a través de las palabras que conocemos y armamos el mundo. A través de las palabras -o la falta de ellas- soñamos, pensamos, amamos, odiamos, discriminamos, vejamos, invisibilizamos, ignoramos y violentamos.
La misma RAE define al lenguaje como una combinación de sonidos que los humanos inventaron para lograr objetivos. Por lo tanto, es una herramienta de conformación subjetiva y construcción ideológica. Estamos frente a una herramienta mutable, flexible, dinámica y de propiedades vehiculares. Los idiomas, en tanto expresión del lenguaje, no tienen una estructura natural , y los pequeños cambios que les hablantes producen en la interacción, no son aberraciones del lenguaje, son expresiones socio históricas y posicionamientos políticos.
Además, el lenguaje es ambiguo por naturaleza, la forma en la que se intenta desambiguar -tomar un particular como universal dando a entender que el hombre es igual a la totalidad de la humanidad independientemente si ese total se identifica o no con el género masculino- suele ser por motivos políticos. El objetivo siempre es reforzar los roles de género rígidos y conservadores.
El lenguaje, entonces no es neutral, responde a miradas patriarcales. Nuestro lenguaje es sexista y por lo tanto supone la mención de mujeres y disidencias como seres inferiores y devaluados.
El lingüista y lexicógrafo Santiago Kalinowsky, sostiene que: "El lenguaje no sexista, como un lenguaje contrahegemónico, es un pronunciamiento político que busca desestabilizar un orden social patriarcal conservador".
Si lo dice la RAE, es palabra santa
Hace unos años, cuando el debate por el matrimonio igualitario se instaló, una de las principales oposiciones fue el argumento de que en el diccionario -y por consiguiente en la constitución- el matrimonio se definía como la unión legal entre hombre y mujer.
Los colectivos LGTBIQ+ plantearon que si ese era el impedimento para poder lograr derechos civiles, la definición debía cambiarse y problema resuelto. Los grupos conservadores se horrorizaron porque ¿alguien quiere pensar en les niñes? ¿cómo vamos a cambiar el diccionario? ¿cómo le vamos a decir nosotres al diccionario qué es lo que tiene que decir? Resulta que entre tires y aflojes en un pestañeo la definición se cambió y es que, una definición se puede cambiar en el diccionario porque el diccionario es tan sólo una guía de uso, nada más.
Y la RAE, es tan solo una institución -como la iglesia, como el Estado, como la escuela- que refuerza el androcentrismo, camuflando bajo la naturalización y la legitimación ordenes de poder tan antiguos como ya obsoletos.
Perdón el spoiler pero: les dueñes y hacedores del lenguajes son les hablantes, no lo es la RAE. Y en realidad, si nos vamos a guiar por lo que la Real Academia establece qué existe y qué no, la palabra "bondi" no figura en sus páginas, ni tampoco "sodeado". Pero si aparece "almóndiga", "guasapear" e "imprimido". ¡Que shock no?
El catedrático en lingüística de la Universidad de Valencia, Ángel López, explica en el blog "Lingüística para Frikis" que "actualmente el criterio de la RAE es aceptar los usos comunes por mayoría de hispanohablantes, la sanción académica es posterior a la creación de los hablantes". Entonces todo supone que es cuestión de tiempo para que el argumento del rechazo de la RAE, se desplome.
Todos, todas y todes
Los pronombres no son algo dado en la naturaleza, no podemos ir a excavar una montaña para sacarlos, porque son un invento social para darle practicidad al lenguaje. A pesar de que últimamente son una excusa para seguir negando identidad y justificar comportamientos que van desde agredir a tildar a gente de ignorante cuando no se identifican con el uso convencional -pero no exclusivo- de las palabras.
Los pronombres provienen del mundo social del lenguaje como el género que también es social, estructural e interpersonal. Vivir como hombre o mujer, varía en diferentes culturas. Hay culturas que expresan hasta un tercer género, reconocido legalmente en países como Alemania, India, Pakistan, Nepal y Bangladesh. En la cultura occidental moderna, reconocemos individues no binaries.
Las personas no binaries tratan de soltar los roles tradicionalmente asignados, creando una sociedad que les incluya con acciones concretas y cotidianas como es la de preguntar pronombres o hablar con lenguaje no sexista y no binarie. El morfema “E” no presume ni quiere suponer que un colectivo se compone única y exclusivamente de hombres y/o mujeres. Esa letrita, así como la ven, se enfrenta al binarismo y al androcentrismo.
Según la académica feminista Soledad Gil, En un artículo para el libro " Feminismos del Sur" el tema del lenguaje no sexista, "no es un debate lingüístico, con un nivel de polarización a lo River-Boca, es una disputa por el avance en materia de educación y de humanidad".
El uso de pronombres o el uso de las construcciones gramaticales de género se eligen acorde a la identidad del interlocutor. La identidad es la forma en la que nos presentamos ante el mundo y nos auto percibimos.
Por eso mismo, el lenguaje no sexista además, tiene como objetivo entablar una comunicación sin interpelar a un otre indiferentemente de cómo se vea o cuál es el proceso que me lleva a mí a identificarle como hombre o mujer. Lo que realmente importa es su identidad y el reconocimiento de la realidad y validez de sus experiencias psicológicas que le llevan a presentarse tomando tal posición, porque en definitiva yo me refiero a esa persona. Preguntar qué pronombre utilizar, es la mejor forma de reconocer y validar su identidad.
Usar la “ E”, no es solo políticamente correcto, es respetar y ayudar a integrar y re socializar las diferentes identidades de género y las diferentes expresiones de género. Usar la "E" es darle a la identidad su especificidad.
Cuando cambia el lenguaje, cambia la mentalidad
Hasta hace unos treinta años, los femicidios eran calificados como crímenes pasionales. La violencia era un “tema de pareja”. Los asesinatos o abusos dentro del hogar quedaban puertas adentro, en “la vida doméstica”. Eran los tiempos de las cosas no dichas, del ocultamiento y la negación.
“La ley de femicidios (26.791/12) Introduce el femicidio en el Código Penal y tipifica delitos ignorados. Lo que parecía de la vida privada, a resolver en las cuatro paredes de una casa, pasa a ser asumido como algo público, donde hay condiciones de desigualdad de género que originan las causas del crimen”, explica Diana Maffía, en una entrevista al diario Perfil.
Es a partir de ese cambio de conceptos, que se despliega todo un cambio cultural en cuanto a la percepción del tema. En el tratamiento tanto en ámbitos públicos como privados, en la aplicación de leyes y políticas públicas y de erradicación que se ponen en marcha y en la visibilización de la naturalización que hasta ese momento se tenía de los casos de violencia contra mujeres y disidencias.
“Esa figura -la de crimen pasional- aminoraba la condena. Al hablar de femicidio, se reconoce el origen del verbo latino que significa asesinar a una mujer. Apareció la palabra ‘asesinato’ y desapareció el adjetivo ‘pasional’. El avance está en leer las expresiones violentas”, explicó Silvia Ramírez Gelbes, autora del Diccionario argentino de sinónimos, ideas afines, antónimos, parónimos y locuciones, en esa misma entrevista al diario Perfil.
Este ejemplo, es uno de los más claros y fuertes al momento de ilustrar cómo al cambiar el lenguaje y sus usos, cambia la mentalidad y la forma de ver las cosas. A partir de ahí, la violencia y los femicidios se tomaron como parte del entramado de la desigualdad de género, pero el proceso de cambio de la triada metafórica que conformaron "amor, pasión y crimen" al de " femicidio" no fue de un día al otro y también generó resistencias.
El lenguaje inclusivo, está instalado, no es algo normalizado pero ya no es algo reversible tampoco. El lenguaje, muestra los cambios que les hablantes están teniendo en materia de género e inclusión. El lenguaje es el espejo de lo que siente y piensa la sociedad. Esa insistencia con el uso de la "E" es un reclamo contra el lenguaje ambiguo que ya no representa y es la evidencia de un cambio latente que incluye lo antes invisibilizado y diferente.
Los medios se hicieron eco viralizando la carta de la Soldado contra el lenguaje inclusivo, pero nunca de la respuesta. ¿Casualidad?
Ana María Fernández en su libro “La mujer de la Ilusión” si bien no se refiere al lenguaje no sexista en sí mismo, hila una reflexión muy interesante en cuanto a las nuevas prácticas sociales, tanto públicas como privadas, que implican una transformación de los sujetos para poder realizarse, esas nuevas prácticas, al mismo tiempo, conforman nuevas producciones de sentido y modifican posicionamientos psíquicos de sus actores.
Pero eso no es todo, según Fernández: "Los historiadores de la vida cotidiana consideran que en una sociedad se está en presencia de una transformación de las 'mentalidades' cuando se producen transformaciones en el modo de pensar y en las formas de sensibilidad", es decir que las transformaciones sociales intervienen en la producción de una nueva subjetividad.
Y agrega: "Nuevas prácticas sociales y nuevas prácticas de sí, emprenden un camino doloroso pero inevitable donde ambos géneros renegocian sus pactos y contratos". En este caso, los géneros históricamente apartados del binomio tradicional, entran a negociar con el género masculino su homologación como universal.
Para concluir, la psicóloga feminista agrega que: “La discriminación de género como otra discriminación, se fundamenta y es atravesada en todas sus dimensiones por el problema del poder. Los poderes sostienen su eficacia, obviamente, desde los discursos que instituyen. Pero el poder no es meramente una cuestión discursiva, en primera y última instancia es cuestión de fuerza y ejercicio de violencia”.
Y esa violencia, no se manifiesta única ni exclusivamente en un plano físico, la violencia se ejerce también, y primeramente, en un plano simbólico. Plano en el que el lenguaje es amo y señor. Ese campo simbólico, que conforma el lenguaje, es un campo más donde nuestros derechos como personas se manifiestan.
Feinmann: a mi, en la escuela, me enseñaron que si un nene me pegaba era porque me quería. Y en cuanto a lo de hablar bien, en mi barrio le decimos " a la gilada ni cabida" y también creemos que eso es hablar bien. PD: nótese el título del video.
Lenguaje inclusivo es aprender lengua de señas. y ser inclusivos es que además de inglés el lenguaje de señas se implemente como materia obligatoria en las escuelas. Incluir también es saber leer braile o que sea obligatorio en menús de restaurantes, folletos oficiales, carteles en los centros de salud, municipios y paradas de colectivos - incluir es no romper ni dañar esos carteles - . Incluir también es usar la "e", la "x" o el "@".
Cuando usamos lenguaje inclusivo y no sexista, estamos diciendo que existen numerosas herramientas y recursos que podemos usar - sin necesidad de obligatoriedad - para construir comunicaciones mucho más igualitarias que no degraden, discriminen ni oculten.




Comentarios