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Mi experiencia con la copita menstrual

Este es un recorrido, entre imágenes y sensaciones de lo que es, para mí, una grata experiencia. Aprendizaje, dudas, curiosidad y miedos.


Mi experiencia personal usando la copita empieza a principios de 2018 cuando posteos en Instagram despertaron mi curiosidad por saber qué era, cómo se usaba y qué beneficios o complicaciones me podían traer.


Desde niña odiaba las toallitas y ni hablar de los tampones, entonces no fue difícil para mí la idea de cambiar hacia algo nuevo. Cada vez que llegaba mi menstruación la pasaba mal pensando en todas las cosas que iba a tener que dejar de hacer por el simple hecho de menstruar. Siempre tenía miedo de mancharme al jugar al vóley.

Ni hablar si era verano y justo te invitaban a una pileta tus amigues, el solo hecho de tener que ponerme un tampón me estresaba. Creo que fue por un poco de todo este hartazgo que llegué a la copita. Y la amo.


Cuando yo empecé a usarla no era tan conocida ni se hablaba tanto del tema como ahora, entonces la búsqueda de información fue bastante difícil. La mayoría de las notas contando experiencias, o los videos en las redes, eran de Europa o de países lejanos que ya tenían a la copita entre sus productos desde hacia tiempo.


Acá era un poco más nueva, no se sabía mucho. Fue así como llegué por Twitter a una chica que vendía copitas en el centro de Mendoza, y decidida a dar este gran paso, la contacté.


Obvio que al principio tuve dudas y miedos, como con todo lo que es nuevo y sobre todo con lo poco que se sabía de este producto. Desde que la compré, pasaron dos menstruaciones hasta que me animé a probarla.


La primera impresión fue “mmm, claramente eso NO ENTRA en mi cuerpo”. Pasó un rato hasta que me convencí a mí misma de que si por el mismo lugar puede salir la cabeza de un ser humano, claramente puede entrar también una pequeña copita de silicona.


El primer intento fue fallido, me costó que entrara y creo que la tenía mal puesta porque me incomodaba. Decidí ver tutoriales explicativos. El primer consejo, era que me relajara y así tranquila, lo volviera a intentar.


Dicho y hecho, me relajé… respiré profundo y lo volví a intentar. Logré colocarla bien y me la dejé unas cuatro horas mas o menos. También me compré dos o tres protectores diarios de tela para acompañar mi periodo.


La esterilizo durante tres o cuatro minutos con agua hirviendo la primera vez de cada ciclo menstrual, y durante el periodo la enjuago solo con agua. He decidido no usar jabones ni pastillas blanqueadoras porque le restan vida útil a la silicona.

De mi grupo de amigas, fui la primera en empezar a usarla entonces no tenía con quién charlar sobre el tema. Mi mamá me acompañaba en la decisión de cambiarme a la copita, pero me decía que le daba “cosa” cuando le contaba. Entonces me sentía un poco sola. Y así fueron los primeros meses hasta que a fines de 2018 ya se conocía mucho más del tema, Instagram estaba plagado de videos hablando de copitas y demás.


Fue ahí donde me di cuenta que mi copita no estaba certificada por la Anmat, y que podía hacerme daño. Yo soy alérgica al látex, y creo que por eso mismo mi experiencia con tampones y toallitas nunca fue buena.


Decidí consultarle a mi ginecóloga sobre el tema, me acuerdo que en una consulta anterior ya le había hablado de mis ganas de usar la copa y ella me había apoyado. Cuando le conté que no sabía cómo hacer para saber si era certificada o no, me dijo que buscara en páginas oficiales de salud para corroborarlo. Fue ahí cuando me di cuenta que no, que mi copa no estaba certificada y decidí cambiarla.

Hasta hoy llevo más de dos años usándola y la amo. Soy fan de la copita. Todo lo que antes era incómodo para mí, dejó de serlo… como por ejemplo meterme a la pileta, ir al gimnasio, correr, salir y a las dos horas estar buscando un baño limpio para cambiarme, estar preguntándole a mis amigas o a mi novio si estaba manchada, revisar la silla cada vez que me levantaba, tener que ponerme ropa oscura porque la clara se podía manchar y así infinidades de vivencias cotidianas que naturalizamos, aunque nos causen incomodidad.


Hasta mis dolores de ovarios se redujeron. Antes cuando menstruaba, tenía retorcijones y me dolían un montón los ovarios. Con la copita eso fue cambiando de a poco, la ginecóloga me explicó que eso sucede porque la copita no deja restos en las paredes, como el tampón y la toallita que poseen dioxinas blanqueadoras y derivados de cloro que son cancerígenos y disruptores endocrinos, que alteran tu ciclo menstrual. También me explicó que es normal que la silicona de la copita se oscurezcan porque la sangre oxida el material. La mía particularmente era morada y se oscureció.


Y ni hablar de lo ecológico y ambiental, las toallitas tardan hasta 500 años en degradarse y se calcula que una persona que menstrua entre 4 y 5 días usa aproximadamente entre dos a cuatro toallitas al día.

Otro dato importante de saber es que podés regar tus plantas con tu sangre. Nuestra sangre menstrual se puede usar como abono para nuestra tierra y plantas, porque tiene una gran cantidad de células madres, hierro, proteínas, vitaminas y minerales, es un super nutriente de origen natural y tus plantitas y la pachamama te lo van agradecer.

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