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Astrónoma, atea y feminista: ¿Quién fue Margherita Hack?

Actualizado: 1 sept 2020


Margherita Hack nació un 12 de junio de 1922 en Florencia, Italia. Durante varios años dirigió el Observatorio Astronómico de Trieste. Se convirtió en la primera mujer de Italia en estar al frente de un centro científico de este tipo. Cuando murió (en 2013) dejó a la ciudad toda su biblioteca: más de 24.000 libros de todas las temáticas, para que pasasen a formar parte de los fondos municipales.


Pero volvamos atrás, Margherita creció en Florencia. Allí se educó en el Liceo Clásico Galileo Galilei. Terminó ahí sus estudios sin completar todos los exámenes debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Luego, pasó a la Univeridad de Florencia, donde se graduó en física y se doctoró en astrofísica.


Mantuvo toda su vida un ávido interés por explorar las estrellas y fue reconocida, precisamente, como “la amiga de las estrellas”. Publicó más de doscientos artículos científicos durante su carrera y hasta tiene un asteroide con su nombre, el 8558 Hack, descubierto en 1995.


Durante su carrera, además de sus descubrimientos e investigaciones llevó a cabo dos importantes tareas que la hicieron muy conocida dentro de la comunidad científica internacional y también por el gran público.


Por un lado, insistió y trabajó para que les astrofísiques italianes ampliasen el alcance de sus investigaciones por medio del acceso a datos e imágenes de los satélites internacionales. Trabajó en muchos observatorios europeos y americanos, y formó parte de grupos de trabajo de la NASA y de la ESA.


Por otro lado, dedicó muchísimo trabajo, tiempo y energía a divulgar conocimientos científicos. Apareció con frecuencia en programas de televisión y escribió libros divulgativos y artículos para la prensa. En 1978 fundó la revista bimensual L’Astronomía y, durante un tiempo, dirigió Le Stelle, una revista científica popular.


Más allá de su actividad científica era una activista incansable de múltiples causas. Margherita fue una astrónoma, atea, feminista y vegetariana que vivió en una Italia católica, machista y carnívora. Ella utilizaba su posición de referenta para hacerse oír y pelear por los derechos civiles, especialmente los de las mujeres y la comunidad LGTBIQ+.


Además, hizo campaña entusiasta a favor del derecho al aborto, de los derechos animales, de la investigación con células madre y de la eutanasia.


Atea practicante, señaló en muchas ocasiones la influencia que la religión ejerce sobre la sociedad italiana y cómo interfiere con la libertad de la investigación científica. En su opinión, la ética de las personas no proviene de la religión, sino de una serie de principios de la conciencia que permiten a cualquiera, creyente o no, respetar la individualidad y la libertad de los demás.

En una entrevista con euronews sostuvo al respecto: “Soy atea en el sentido de que no creo en Dios ni en el más allá. Creo que el alma es nuestro cerebro. No puede demostrarse científicamente si Dios existe o no. La idea de Dios no me convence, no me la creo, prefiero creer que hay materia y que la materia tiene las propiedades que observamos.” Y agregó: “Cuando me muera, si me encuentro a Dios, le diré que estaba equivocada…”

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